A veces las cosas llegan en desorden.
Primero rompes con la vida que sentís que te esta consumiendo la felicidad y el animo de estar parado.
Dejas ese trabajo que te chupa la energía.
Y como te quedas sin plata sabes que vas a volver a lo de tus viejos o abuelos. Igual, aun así estas contento porque recuperaste ganas de vivir.
En el medio conoces a esa persona que te va a enseñar a ser amado y a amar
y que de alguna manera fluida y magnifica te va a guiar a la felicidad.
Si, sin trabajo, sin casa, sin vida social, sin pasiones, simplemente la felicidad de estar vivo y amar.
Y ahí las cosas empiezan a tomar forma.
Con alegría encaras el no tener un mango y sonreír todos los días. No tenes plata porque elegiste tu salud mental, la que te proporciona salud física.
No tenes casa pero tenes techo y estas construyendo para lograr lo que queres tratando de ser lo mas fiel posible a tus principios.
Y ahí esta esa persona al lado tuyo, acompañándote, apoyándote,
animándote cuando sentís que nada tiene sentido.
Un abrazo y una mirada de esa persona y recuperas fuerzas. Tal vez es el reflejo de uno lo que la persona de enfrente te da.
Y ahí van apareciendo otras cositas, cositas como un perro o un gato o plantitas.
A estas alturas el orden no tiene sentido, si las cosas van bien y somos felices, entonces ese es nuestro orden.
Las cosas suceden cuando tienen que ser.