Cae una lagrima, caen dos, caen tres y unas cuantas mas. Mientras mantengo los ojos cerrados, medito un poco y finalmente entiendo que soy uno conmigo, que soy uno con la tierra.
Es que somos tierra. Soy tierra. Soy la tierra.
Siento como el agua recorre mi cuerpo. Va cayendo rápida o lentamente (según que mirada) desde la punta de mi cabeza, pasando por mis ojos; limpiando las lagrimas, siguiendo por mis hombros y ahí, parte del agua se va por los brazos y finalmente cayendo por la punta de mis dedos. Y la otra parte por mis genitales, abrazando mi útero, continuando por mis piernas, hasta llegar a los pies, mis raíces. Hasta que el agua se reúne nuevamente para seguir su curso dejándome a mi, limpia, joven, viva.
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